Me llega un curioso comentario a mi último artículo Tras los pasos de Rocinante. Mapa de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza por la Mancha, en el que sin saludos ni la más mínima cortesía dice:
«Alcázar no puede ser el lugar de don Quijote porque era una villa muy grande y no un lugar como dice Cervantes. Lea: En un lugar de la Mancha. Busque en los lugares junto al Toboso y lo encontrará»
Estimado lector, para no extenderme en la contestación los datos históricos los acoto alrededor del tiempo de la escritura del Quijote.
Sebastián de Cobarruvias en su Tesoro de la lengua castellana o española que imprime en 1611 dice de la palabra “Lugar”:
«LUGAR, se dice todo aquello que contiene en sí otra cosa, Latine locus, locatum lo contenido. Lugar significa muchas veces ciudad, o villa, o aldea, y así decimos en mi lugar, en el pueblo donde nací, y fulano no está en el lugar, no está en la ciudad…»
«Lugar significa muchas veces ciudad, o villa, o aldea», con esta definición de Cobarruvias en el primer diccionario del español editado ya podría dar por terminada mi contestación a su comentario.
Me decía que «Alcázar no puede ser el lugar de don Quijote porque era una villa muy grande…». Le pongo ahora un ejemplo de una villa mucho más grande que Alcázar de San Juan que también es un “lugar”: Madrid.
En 1629, Gerónimo de Quintana saca a la luz en Madrid: Historia de la villa de Madrid. Relacionando sus panaderías y carnicerías existentes nos describe la zona del lugar de Madrid donde se acopiaban los animales sacrificados en el matadero para después llevárselos a las carnicerías madrileñas para su venta y las pieles a los curtidores, dejando un “rastro” de sangre en el suelo desde el cerrillo del Rastro hacia el matadero, hoy la empinada calle Ribera de Curtidores, de aquí su nombre a esta actual zona comercial madrileña: El Rastro.

«El rastro está a los confines del lugar a un lado de la puerta de Toledo, tiene de largo ciento y setenta y cuatro pies, y de ancho ochenta y seis, dentro tiene dos patios grandes de igual proporción, alrededor de ellos hay soportales grandes, y capaces que sustentan columnas con capiteles, y basas de piedra berroqueña; debajo de los cuales están las escarpias con la carne»

En Madrid, en 1568, un Miguel de Cervantes de entre 10 a 15 años estaba sentado en un pupitre de madera escribiendo unas composiciones que se utilizaron en las exequias de la reina Isabel de Valois. A cargo de este Estudio de la Villa estaba desde enero de ese mismo año su maestro Juan López de Hoyos. Quintana nos lo detalla como «Casa para estudio»:
«El ser este lugar tan antiguo habitado de gente noble cuidadosa de la erudición, y enseñanza de su juventud, obligó a la villa a fabricar una casa principal junto a la Iglesia mayor de Santa María para escuelas con muy capaces aulas y clases, señalando salario de lo público a un Preceptor y Maestro porque enseñase a los naturales que se inclinasen al estudio de las ciencias, el principio de ellas…»
¡El lugar de Madrid, una villa que albergaba la Corte!
Cervantes no solo utiliza esta palabra en la célebre frase inicial del Quijote. Veamos otros “lugares” en cada una de las dos partes, y no son pequeños:
Dorotea comienza su desdichado cuento así:
«En esta Andalucía hay un lugar de quien toma título un duque, que le hace uno de los que llaman Grandes en España» (Q1, 28). Este lugar al que se refiere Dorotea es Osuna. En 1562 el rey Felipe II concede el título duque de Osuna y Grande de España a Pedro Téllez-Girón, notario mayor de Castilla, consejero de Estado, virrey y capitán general de Nápoles y VI señor de Osuna.
En la Segunda Parte, el narrador de la historia describe la llegada de Sancho Panza a su gobierno en Barataria así:
«Digo, pues, que en todo su acompañamiento llegó sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el Duque tenía… Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a recebirle, tocaron las campanas y todos los vecinos dieron muestras de general alegría» (Q2, 45)
“Vecino”, en tiempo de Cervantes era la persona que tenía casa y era el cabeza de familia y además pagaba impuestos. Se ha determinado en estadística que para conocer la cantidad de personas que habitaban un lugar el número de vecinos hay que multiplicarlos por 4-4,5 veces. El lugar de Barataria tenía unas cuatro a cuatro mil quinientas personas entre sus muros.
En otras novelas cervantinas podemos también encontrar su uso. Por ejemplo, en El licenciado Vidriera el narrador nos describe el viaje que hace Tomás Rodaja con los estudiantes desde Salamanca al lugar de Málaga:
«Sucedió que se llegó el tiempo que sus amos acabaron sus estudios y se fueron a su lugar, que era una de las mejores ciudades de la Andalucía. Lleváronse consigo a Tomás y estuvo con ellos algunos días; pero, como le fatigasen sus deseos de volver a sus estudios y a Salamanca pidió a sus amos licencia para volverse… Despidiose dellos, mostrando en sus palabras su agradecimiento, y salió de Málaga (que esta era la patria de sus señores)…
Y termino en Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote. En los libros de actas y acuerdos municipales del año 1601 (ya le debía a Cervantes estar rondando en la cabeza el cuento del hidalgo manchego), ante el gran brote de peste que ya asolaba una buena parte de España se toma una costosa pero necesaria decisión de cercar toda la villa para confinar a su población y tratar así de controlar el paso de viajeros. En el margen del folio 146 se lee «Para que se cerque El lugar»:
«En la villa de Alcázar, a once días del mes de julio de mil e seiscientos e un años, estando en la sala de Ayuntamiento desta dicha villa, juntos, como lo tienen de costumbre los señores alcaldes y regidores que aquí firmaron sus nombres, para proveer y praticar las cosas tocantes al bien público desta villa, dijeron: Que en la ciudad de Toledo, Granada y Valladolid, Corte de su Majestad, y otras ciudades, villas y lugares del Reino, se guardan con mucho cuidado de muchas partes questán apestados, de cuya causa se a acordado questa villa se guarde, y por haber en ella muchos arrabales y calles que para se guardar de la dicha peste, como conviene, es necesario que se tapien y cierren y que no queden sino quatro puertas por donde puedan entrar y salir…»
Como conclusión:
Tratar de que una de las variables que se tengan en cuenta para precisar geográficamente el lugar de don Quijote sea que solo un núcleo de población muy pequeño, como una aldea o una villa muy pequeña, puede llamarse “lugar” no se sustenta ni en documentos de la época de la escritura del Quijote ni en los textos cervantinos.
La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas, le decía Teresa por carta a Sancho siendo gobernador en Barataria. El lugar de don Quijote es una villa al contar con picota, dispone en su plaza de una fuente pública a principios del siglo XVII, la pesca en sus ríos es uno de los recursos posibles para sus vecinos más humildes, tiene capacidad de albergar en las casas de sus vecinos a una compañía de trescientos soldados, además de jornaleros y labradores hay hidalgos y caballeros… En definitiva, es un lugar grande con una morfología singular. Busco, como me invita a hacer, «en los lugares junto al Toboso»: Quero, Miguel Esteban, Quintanar de la Orden, Mota del Cuervo, Pedro Muñoz, Campo de Criptana, Villa de don Fadrique, Villanueva de Alcardete, Los Hinojosos, Santa María de los Llanos… y no encuentro en ellos estas particulares que Cervantes indica.
Ahora le pongo yo a usted una tarea muy sencilla. Busque alrededor de El Toboso un lugar cercano que disponga a principios del siglo XVII de una fuente pública en su plaza. Solo encontrará esa fuente en el lugar de Alcázar de San Juan, donde precisamente en 1616 su ayuntamiento tomaba medidas para resolver la ausencia de agua en sus caños por la sequía. No es hasta finales del siglo XIX cuando los municipios de esta parte de la Mancha deciden acometer las obras de construcción de una fuente pública.
Quizá me conteste que lo de la fuente en la plaza es un recurso literario, una licencia del autor… es la fórmula usada para pasar de puntillas por estas imágenes concretas que del lugar nos deja Cervantes cuando no es posible hallarlas en otros lugares cercanos a El Toboso.
Lugar, aldea y pueblo. De estas tres maneras se refieren tanto el narrador como don Quijote y Sancho Panza y otros protagonistas del lugar donde viven. Jurídicamente es una villa por la existencia de una picota de justicia. Cervantes manejaba simplemente el sentido común de las palabras para aquella época, amén de los posibles cambios intercalados en los trabajos de imprenta al texto original, entendible perfectamente por sus primeros lectores.
Este sentido o sentimiento común de uso de la palabra “pueblo” sigue vigente hoy, incluso para municipios más o menos grandes con título de ciudad. Por ejemplo, Alcázar de San Juan es una ciudad desde que el rey Alfonso XII así la nombra en 1877, sin embargo, yo me refiero a ella normalmente como pueblo: estoy en mi pueblo, voy a mi pueblo, hoy hace mucho calor en el pueblo, en mi pueblo los carnavales son en diciembre… Y esto no me ocurre solo a mí, es un sentimiento común en gran parte de los vecinos de ciudades que no son capitales de provincia, al menos aquí en la Mancha.
Como tampoco hoy nadie identifica a Madrid o Bilbao como una villa, que es el título actual que ostentan, sino como ciudades. En esto del uso de las palabras, el mismo sentido común hoy que a principios del siglo XVII.
Luis Miguel Román Alhambra