
Un editor que ha convivido con Cervantes durante veinte años desvela por qué el autor del Quijote es más contemporáneo que nunca: Basilio Rodríguez Cañada, presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión, ofreció una conferencia magistral en el Museo del Hidalgo de Alcázar de San Juan dentro del ciclo «Universo Quijote», donde defendió que Cervantes no pertenece al pasado sino al presente y al futuro de todos sus lectores
Alcázar de San Juan, 24 de mayo de 2026.- El viernes 22 de mayo, el Museo del Hidalgo de Alcázar de San Juan se convirtió en el escenario de una de las conferencias más apasionantes del ciclo «Universo Quijote». Durante casi dos horas, Basilio Rodríguez Cañada —editor, escritor, poeta, profesor y gestor cultural, nacido en Navalvillar de Pela, Badajoz, y presidente desde 1997 del Grupo Editorial Sial Pigmalión, con cerca de 2.200 obras publicadas— desplegó ante un público entregado una reflexión honda, personal y llena de matices sobre por qué Miguel de Cervantes sigue siendo un autor radicalmente vivo. Un compañero de viaje para cualquier lector, editor o escritor del siglo XXI.
Rodríguez Cañada abrió su intervención agradeciendo a la Junta Directiva de la Sociedad Cervantina la invitación y su afectuoso recibimiento. Desde las primeras palabras quedó claro que no venía a hablar de Cervantes como una reliquia del pasado, sino como de un ser vivo que camina junto a él cada día. Y subrayó que en ningún lugar ese vínculo resulta más natural que en Alcázar de San Juan: «Alcázar de San Juan es una ciudad donde Cervantes no es únicamente un escritor clásico ni un nombre más en la historia de la literatura española, aquí Cervantes forma parte de la memoria cultural, de la identidad compartida y de la sensibilidad colectiva que sigue compartiendo su legado».
El núcleo de la conferencia fue una tesis tan provocadora como bien argumentada: Cervantes no pertenece a la historia de la literatura, sino también al presente y al futuro. No por razones de nostalgia o de costumbre escolar, sino porque comprendió como nadie la complejidad humana: la fragilidad de la verdad, la fuerza de la imaginación, la tensión entre realidad y deseo y la necesidad de inventar relatos para explicar el mundo.
El conferenciante fue rotundo: «Hablar de Cervantes en un lugar como este tiene para mí algo profundamente emocional, he dedicado muchos años de mi vida a leerlo, a editarlo y a convivir con él y cuanto más tiempo paso cerca de su obra, más convencido estoy de que Cervantes no pertenece únicamente al pasado, a la historia de la literatura, sino que Cervantes es un autor absolutamente contemporáneo, moderno, actual».
Y fue más lejos todavía al hablar del Don Quijote como texto vivo, como conversación que no ha sido cerrada: «Cuando abrimos el Don Quijote no entramos simplemente en una novela del Siglo de Oro, entramos en una conversación que sigue abierta más de cuatro siglos después».
Rodríguez Cañada sostuvo que el Quijote no admite lectores pasivos: desde la primera línea, Cervantes obliga al lector a interpretar, a desconfiar, a posicionarse. Se detuvo en ese arranque insuperable —«En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme»— para señalar que su profunda modernidad reside en que el narrador oculta información, introduce distancia irónica y demuestra que recuerda, duda, juega y selecciona. Desde la primera frase, Cervantes altera la relación tradicional entre autor, narrador, lector y obra.
El conferenciante enlazó esta idea con el episodio de Cide Hamete Benengeli, el supuesto historiador árabe al que Cervantes atribuye la autoría de la historia. Un recurso que, a juicio de Rodríguez Cañada, resulta asombrosamente actual: desplaza la autoría, introduce intermediarios y convierte al propio Cervantes en transmisor de una historia. Con ese gesto, planteaba hace más de cuatro siglos una pregunta que hoy nos inquieta más que nunca: ¿dónde termina la realidad y dónde empieza la ficción?
Uno de los momentos más celebrados de la conferencia fue el análisis de los personajes. El conferenciante insistió en que Cervantes no ridiculiza cruelmente a don Quijote: lo comprende, lo acompaña y lo protege. La risa cervantina, dijo, no es cruel sino profundamente humana. Don Quijote y Sancho Panza encarnan contradicciones que todos reconocemos: todos hemos tenido momentos quijotescos, todos hemos confundido alguna vez nuestros sueños con la realidad.
Y matizó la lectura habitual del dúo cervantino: aunque se suele decir que Sancho representa el sentido común y Don Quijote la fantasía, la realidad es mucho más compleja. Ambos personajes se transforman mutuamente: Sancho se contagia de imaginación y Don Quijote adquiere al final una lucidez dolorosa. Esa transformación mutua, subrayó, es precisamente una de las grandes funciones de la literatura.
Rodríguez Cañada dedicó un emocionante pasaje de su conferencia a la biografía de Cervantes como cantera de su obra. La batalla de Lepanto de 1571, en la que resultó gravemente herido y perdió el uso de su brazo izquierdo, no fue para Cervantes una desgracia: la recordó como «la más alta ocasión que vieron los siglos». Y el cautiverio de Argel —más de cinco años, varios intentos de fuga, la sombra constante del castigo— se transformó en materia literaria de primera magnitud.
En ese contexto cobró toda su fuerza la célebre frase del Quijote: «La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos». Para el conferenciante, no es retórica ni ornamento: es una verdad vivida desde la experiencia personal más dura. Su hipótesis literaria es que Cervantes sobrevivió en Argel porque era un contador de historias. En una época sin radio ni televisión, el relato oral podía ser una forma de supervivencia.
Como presidente de Sial Pigmalión, Rodríguez Cañada se detuvo especialmente en una escena que considera extraordinaria: la visita de don Quijote y Sancho a una imprenta de Barcelona en la segunda parte del Quijote. Cervantes introduce dentro de la propia novela el espacio donde nacen los libros: prensas, oficiales, corrección de pruebas, esfuerzo artesanal. El escritor necesita al impresor, al corrector, al editor y, finalmente, al lector. Y en esa misma escena, Don Quijote descubre que se está publicando una continuación apócrifa de sus aventuras: autoría, plagio, autenticidad, propiedad intelectual… Cervantes planteaba hace cuatro siglos exactamente los mismos dilemas que hoy enfrentan autores y editores.
El conferenciante concedió especial importancia al primer lector desconocido, ese lector anónimo que recibe la obra sin compromiso previo y la legitima al leerla. No familiares, no amigos: ese lector desconocido es quien otorga al autor carta de naturaleza como escritor.
En la parte más autobiográfica y apasionante de la conferencia, Rodríguez Cañada explicó la gestación de su libro Las vidas imposibles de Miguel de Cervantes: no una biografía académica cerrada, sino un diálogo literario con las posibilidades vitales y simbólicas del autor. Un libro que nació de más de veinte años de convivencia íntima con Cervantes y que imagina caminos alternativos que la historia le negó.
Entre esas vidas alternativas, el conferenciante imaginó un encuentro entre Cervantes y Shakespeare en Valladolid durante la visita de una embajada inglesa; exploró literariamente la batalla de Lepanto jugando con identidades paralelas; y, como americanista, decidió concederle en la ficción el sueño americano que la Corona le denegó en la realidad: lo sitúo en Cartagena de Indias, en el Soconusco mexicano, en La Paz, dándole aventuras, relaciones y descendencia americana.
Quizá fue Cervantes quien le inoculó la locura suficiente para dejar un trabajo estable y dedicarse a la edición y la escritura, reconoció entre risas. Y es que, como dejó claro a lo largo de toda su intervención, la relación entre Rodríguez Cañada y Cervantes no es académica: es de compañía, de viaje compartido.
El conferenciante cerró su intervención recogiendo los tres hilos que habían atravesado toda la conferencia: la perspectiva del lector, la del editor y la del escritor. Y los reunió en una sola idea que arrancó un largo aplauso: «Cervantes me ha acompañado como lector, como editor y también como escritor, y sinceramente creo que nos ha acompañado a la mayoría de los lectores y a la inmensa mayoría de habitantes de Alcázar de San Juan, a quienes desde niños se les inculca ese valor de pertenencia, ese vínculo con la historia y la obra de este autor que es universal, que pertenece a todos sus lectores».
El turno de preguntas estuvo a la altura de la conferencia. Se abordó la relación entre Cervantes y Shakespeare —el dramaturgo inglés conoció materiales cervantinos, como demuestra la historia de Cardenio—, la recepción del Quijote en Hispanoamérica —donde la obra se siente a menudo como propia, intensamente amada y apropiada culturalmente— y el valor de las adaptaciones infantiles o audiovisuales que acercan Cervantes a nuevas generaciones: «Adaptar el Quijote no es traicionarlo, siempre que se respete su esencia», afirmó Rodríguez Cañada.
El acto concluyó con la entrega de un reconocimiento a Basilio Rodríguez Cañada y con la donación de algunos de sus libros para la biblioteca de la institución. La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan reafirmó así su papel como espacio de referencia en la difusión del legado cervantino.
La jornada del sábado deparó a los invitados de la Sociedad Cervantina —Basilio Rodríguez Cañada, Raquel Delgado, Nery Santos, José Luis Marín Aranda y los amigos mexicanos Miguel Martínez Parra y Erika Escartín— una experiencia tan rica en simbolismo como en camaradería.
La mañana comenzó con un momento de rara emoción: de manos del párroco don Francisco Javier Quevedo, custodio del documento en la Casa Parroquial, los visitantes pudieron contemplar la partida de bautismo original de Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra. Tocar, aunque fuera con la mirada, ese papel donde la historia escribe su firma más auténtica, resultó para todos, una experiencia difícil de olvidar.
A continuación, el grupo recorrió algunos de los hitos turísticos y patrimoniales de la ciudad: el Quijote cósmico —estatua gemela de la de Guanajuato—, el Torreón del Gran Prior —desde cuyas almenas pudieron contemplar la llanura manchega de la Comarca Quijote—, la Capilla de Palacio y la Colegiata de Santa María la Mayor, la parroquia más antigua de la diócesis, que este año celebra su octavo centenario.
El punto culminante de la jornada fue el «Almuerzo de Don Quijote»: tan agradable como fructífero, dio lugar a la presentación de un ambicioso proyecto de colaboración entre el Grupo Editorial Sial Pigmalión y la Sociedad Cervantina de Alcázar, una alianza que deberá tomar forma en los próximos meses y que promete abrir nuevos horizontes para la difusión del legado cervantino.
La jornada se cerró con una subida al Cerro de San Antón y una visita a los cuatro molinos de viento que se conservan de los diecinueve que tuvo el término municipal. El molino Fierabrás —que mantiene su maquinaria en pleno uso— capturó la imaginación de los visitantes: en su interior y a la vista de su maquinaria, los cervantistas alcazareños explicaron su funcionamiento con una pasión que hizo que cada engranaje pareciera respirar historia.
Para ver la conferencia completa: https://youtu.be/0DSFsu7O2Xg?si=mHp-rSqI1AtLs6W-
Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan