Artículo de Eduardo Alonso Franch. Sociedad Cervantina de Alcázar

Salamanca en la Edad de Oro
Bulliciosas celebraciones y hasta violentos tumultos eran parte de la Universidad. Salamanca proporcionó a la burocracia letrados para gobernar su joven y vasto imperio e ideas para promoverlo. Al doblarse el número de estudiantes y crecer el profesorado, Salamanca se convirtió en una enorme fuente de letrados para el gobierno de España al igual que para la recién establecida administración colonial, que estaba en plena expansión. Carlos V se rodeó de intelectuales partidarios del humanismo cristiano asociado a Erasmo de Rotterdam. Hasta que Madrid se convirtió en la capital a principios del siglo XVII, solo Valladolid podía competir con Salamanca como lugar de actos públicos, rituales y festejos apropiados para una poderosa corona. Las últimas cuatro décadas del siglo XVI revelan la magnitud de las reservas intelectuales y culturales de Salamanca. En Salamanca Felipe II heredó la Universidad más eminente de España. Sesenta cátedras y un nutrido cuerpo de estudiantes que alcanzaría su mayor volumen en esta era eclipsaban a las demás universidades de España. Con el paso de cada década, los pajes y guardaespaldas, junto con antiguos estudiantes y pícaros, dificultaban cada vez más el mantenimiento de la disciplina y convertían a Salamanca en un lugar de estudio peligroso. A pesar de este ambiente conflictivo, surgieron algunas de las principales obras de la Edad de Oro española. Salamanca se expandió como entorno urbano durante la segunda mitad del siglo XVI. La vitalidad de la Universidad y la cultura de la ciudad no sobrevivieron a Felipe II. Al morir Felipe II en 1598, Salamanca era una ciudad en crisis. Salamanca era el lugar al que se sentiría atraído el personaje ficticio y contemporáneo de Tomás Rodaja, el licenciado Vidriera. La ciudad creció como un imán para los pícaros. Toda España y la mayoría de Europa conocía a Salamanca como el hogar temporal de tipos ingeniosos como Sansón Carrasco, el personaje de la segunda parte de Don Quijote. Salamanca sobrevivió como una gran Universidad durante más de un siglo y su entorno urbano es testigo de este singular periodo de vida cultural e intelectual[1].
Fundada en 1218, la Universidad de Salamanca era para España lo que Bolonia para Italia y la Universidad de París para la Francia medieval. A finales del siglo XVI la sabia imagen de la Universidad de Salamanca en la literatura comienza a impregnarse cada vez más del espíritu picaresco. También Cervantes recibió la influencia de este espíritu. Cuando plasmó la continuación de su inmortal Don Quijote, cuya segunda parte apareció en 1615, decidió inventar un nuevo personaje, Sansón Carrasco. Este recién graduado había leído con gran atención una versión original impresa de las aventuras de Don Quijote y se disponía a agasajarle con el fruto de su lectura. Pero la descripción física y moral del bachiller Carrasco es tal que lleva a pensar que los españoles de la época tenían una imagen cambiada de los graduados salmantinos: una mezcla de verdadera inteligencia y amor por las burlas. Este es socarrón hasta el punto de seguirle el juego al caballero en sus bromas, pero también es lo suficientemente astuto y humano como para sentir humillación y deseo de venganza cuando, en el capítulo 14, Don Quijote le vence en la pelea con el Caballero de los Espejos, la primera identidad falsa de Carrasco. Por encima de esto, es el agente parcial de su vuelta a la cordura. En su segundo disfraz de Caballero de la Blanca Luna, Carrasco derrota a Don Quijote en una justa sobre las arenas de la playa de Barcelona y le impone el castigo de renunciar a su vida errante de caballero durante un año y volver a su pueblo en La Mancha. El bachiller salmantino demuestra su inclinación por lo jocoso y su vivo ingenio, a la vez que pone de manifiesto sentimientos humanos más profundos y un inteligente uso de la farsa para asegurar un fin benévolo[2].
El hambre de saber y la voluntad de ser otro que caracterizan a Tomás Rodaja le llevan a Salamanca. El licenciado es, lo mismo que el hidalgo Don Quijote, un loco cuerdo. El espacio social del Licenciado Vidriera es casi íntegramente urbano: Salamanca, diversas ciudades italianas y Valladolid, corte a la sazón del tercer Felipe[3].
En la ficción cervantina, el que luego sería “licenciado Vidriera” llega a Salamanca en busca de la locura y de la fama. Las universidades hispanas en su etapa clásica, y Salamanca más que ninguna de ellas, se configuran como centros intelectuales de ciencias jurídicas y teológicas, en razón de las demandas y necesidades de las burocracias del Estado y de la Iglesia Católica. En las universidades tradicionales de la Edad Moderna se ejercía un implacable proceso selectivo. Primero, la propia procedencia geográfica, pues los principales centros (Salamanca, Valladolid, Alcalá) se encontraban situados en la Meseta. Y además predominaban los estudiantes de procedencia urbana. La selección económica no es la menos importante. El nombre de Salamanca parecía fascinar a todos y privilegiar a unos pocos. Los más prepotentes utilizaban coches y carrozas. Pero para los estudiantes la norma común eran las acémilas y, para los más pobres, los viajes a pie. Como remedio socorrido estaba la mula y, utilizándose, se llegaba de Valladolid a Salamanca en dos días. Por riscos y soledades cabía esperar desagradables, aunque habituales, sorpresas de ladrones y malhechores. Era una pequeña ciudad de 20.000 habitantes[4].
La propia homogeneidad exterior a través de un hábito riguroso y austero señalaba, con la fraternidad del aspecto, las raíces clericales de los estudios. Cada escolar estaba condicionado por el nacimiento en su forma de vida, en el trato y amistades, en los vínculos de mando o de obediencia, en la consideración social y en detalles de protocolo y atenciones. Algunos de estos estudiantes estaban al servicio de otros de más fortuna, sirviéndoles como pajes o criados. El grueso estudiantil se distribuía en “repúblicas” o “compañías”, que no eran otra cosa que los hoy llamados pisos de estudiantes. Las cofradías de estudiantes tenían mucho que ver con los lazos de paisanaje y de origen geográfico. A finales del siglo XVI, las “naciones” que integraban el Estudio eran las siguientes: Galicia, Portugal, Campos (Castilla y León, con la Montaña), Vizcaya (País Vasco), Extremadura, La Mancha, Andalucía y Corona de Aragón. Esta división estudiantil en cofradías y naciones aparecía en la raíz de fuertes enfrentamientos y fricciones.
La presencia estudiantil en los recintos universitarios se circunscribía a edades en torno de los 14 a los 23 o 25 años. La dudosa higiene y arduos olores, las abundantes señales y cicatrices, las posibles viruelas, los relativos dientes y otros rasguños de un discurrir vital esforzado, nos alejan de cualquier apolínea contemplación de muchos de ellos. En Salamanca, la matrícula osciló entre 5.000 y casi 7.000 inscripciones durante la segunda mitad del siglo XVI. A lo largo de este tiempo, el prestigio de los estudios jurídicos y los horizontes de promoción que estos abrían en la administración de la Iglesia y del Estado explican la afluencia de estudiosos de todo el ámbito peninsular a Salamanca, e incluso de algunos escolares europeos e indianos en proporciones superiores a cualquier otra universidad del Reino. La Salamanca de los siglos XVI y XVII fue prioritariamente una Universidad de juristas, que contaba con una facultad de teología de cierta importancia y una cenefa de estudiantes de medicina.
Salamanca en la obra de Cervantes
Acompañó siempre a Cervantes un interés muy marcado en la experiencia humana y literaria de la vida estudiantil. Pero fue en El coloquio de los perros donde hizo su más gozosa pintura de ella. Novela de estudiantes es también La señora Cornelia. Ninguna casa de estudiantes podría pasar por un modelo de virtud. La tía fingida puede entenderse como base o punto de partida para un discurso cervantino sobre la hermosura destinado a perfeccionarse en La española inglesa y a culminar en La gitanilla. Su presencia trae revuelta a Salamanca y los estudiantes de la novela rinden adoración a Esperanza a su paso por una calle de la ciudad. Se reconocía a Salamanca como capital de la prostitución en toda Castilla. Una de sus tradiciones consistía en el ruidoso recibimiento colectivo de las rameras que regresaban el “lunes de aguas”, tras una forzada ausencia de la ciudad durante la Cuaresma y Semana Santa. La vida estudiantil se hallaba tan acosada por el hambre del sexo como por la del estómago, y ambas se saciaban del modo que se podía. Presentada como suceso ocurrido en Salamanca el año 1575, La tía fingida ofrece una clara inserción en la literatura celestinesca[5].
De todos los autores fue Miguel de Cervantes quien más expresó su admiración por Salamanca y su Universidad y el que más las tuvo presentes en su obra literaria. En la época en que Cervantes escribía, la Universidad de Salamanca se encontraba en el apogeo de su fama. La ciudad del Tormes y su Universidad le produjeron tan honda impresión que, a partir del primer tomo del Quijote de 1605, están presentes en toda su obra literaria. En el Capítulo XII de la primera parte del Quijote nos encontramos con la narración pastoril de Marcela y su enamorado el pastor estudiante Grisóstomo. Esta es la primera alabanza de Cervantes a la Universidad de Salamanca. En la segunda parte del Quijote, Cervantes se explaya aún más en menciones y alabanzas para Salamanca y su Universidad. Al final del Capítulo II Cervantes nos hace la presentación del bachiller Sansón Carrasco. En el capítulo LXIV, el bachiller Carrasco disfrazado bajo el nombre del Caballero de la Blanca Luna, logra vencer en un segundo intento a don Quijote en la playa de Barcelona y le hace prometer que se retirará a su lugar de la Mancha… El licenciado Vidriera es una novelita que se desarrolla en Salamanca. En La señora Cornelia, novelita de fondo italiano, los protagonistas son también estudiantes de la Universidad de Salamanca. Especialmente en sus deliciosos entremeses Salamanca está presente. Cervantes demostró el gran conocimiento que tenía de Salamanca y de todas sus historias y leyendas en el entremés La Cueva de Salamanca. Salamanca está asimismo presente en el entremés El Vizcaíno Fingido, en el que dos pícaros estudiantes tratan de burlar a dos mujeres de vida alegre, haciéndose pasar uno de ellos por vizcaíno que va a Salamanca a estudiar. La presencia de Salamanca y su Universidad en la obra literaria de Cervantes se mantuvo hasta su muerte[6].
En la época de Cervantes eran los varones casi los únicos que accedían a una educación fuera del hogar, en instituciones formativas. Leyendo la obra del ingenioso autor del Quijote nos llama la atención el gran número de estudiantes y licenciados que en ella aparecen. La mayoría de los estudiantes y licenciados que aparecen en la obra cervantina son de la Universidad de Salamanca. En algunas de sus obras introduce estudiantes pícaros, de los que destaca Carraolano del entremés La Cueva de Salamanca. Además de libros, el Quijote trata mucho de estudios y estudiantes. Cervantes parece tener admiración por la Universidad de Salamanca, aunque lo más probable es que conociera esta institución de oídas. Alonso Quijano es un reflejo del propio Cervantes, un autodidacta. Aparecen bastantes hidalgos y estudiantes en el Quijote; el más famoso es Sansón Carrasco. Es un titulado por la Universidad más prestigiosa del Imperio. En el Quijote con frecuencia se nombra a la Universidad de Salamanca como paradigma de institución docente. El bachiller, aunque clérigo, como joven que es resulta un juerguista y se presta bien a ayudar al cura y al barbero con una treta para que Alonso Quijano deje de una vez sus locuras. Sansón Carrasco es uno de los personajes más cultos e ingeniosos del Quijote. Las aventuras de Don Quijote se producen en verano, cuando la mayoría de los estudiantes de Salamanca volvían a sus casas. En el Quijote, varios personajes secundarios están directamente vinculados a la Universidad, de Salamanca la mayoría[7].
En el resto de la obra de Cervantes la importancia de la Universidad de Salamanca es aún mayor que en el Quijote, pues eleva a algunos de sus estudiantes y titulados al rango de protagonistas. El más famoso es Tomás Rodaja, que da título a la novela ejemplar El licenciado Vidriera. Es principalmente un loco ingenioso, pero también se le presenta como hombre honrado y buen estudiante. Rodaja es un estudiante pobre. Poco o nada ejemplar es la figura del estudiante Carraolano, del entremés La Cueva de Salamanca. Comparte con Rodaja su bajo nivel económico, pero es un auténtico pícaro. La vestimenta caracterizaba a los estudiantes; era de color negro, de tal manera que de lejos se les podía confundir con clérigos; y muchos estudiantes eran clérigos, como Sansón Carrasco. Carraolano se dice experto en un saber extraacadémico; en la Cueva de Salamanca se enseñaba y aprendían artes mágicas, y son las que este pícaro utiliza para burlar a las gentes de la casa. Cervantes hace que en otras dos obras sean protagonistas sendas parejas de estudiantes. Tales son las novelas ejemplares La ilustre fregona y La señora Cornelia, las cuales guardan algunos paralelismos. Las dos parejas son estudiantes por Salamanca, o tienen pretensiones de serlo. En La ilustre fregona Tomás de Avendaño es el verdadero estudiante salmantino. Es más interesante La señora Cornelia. A diferencia de los de La ilustre fregona, los caballeros de La señora Cornelia son dos verdaderos estudiantes por Salamanca y buenos estudiantes. Se aprecia el prestigio de la Universidad de Bolonia por aquel tiempo y lo cosmopolita de su población estudiantil, igual que sucedía en Salamanca.
En los Entremeses cervantinos aparecen arquetipos más graciosos que ejemplares; entre ellos destacan los estudiantes de La Cueva de Salamanca y de El vizcaíno fingido. Dispersos por la obra cervantina hay multitud de estudiantes y graduados por Salamanca y por otras universidades. Son personajes secundarios que Cervantes hace salir por doquier, generalmente para poner un tono de ingenio y picardía a la acción. El más famoso de los personajes secundarios titulados por Salamanca es sin duda Sansón Carrasco. También se encuentra a Tirsi, culto pastor de la Galatea, cronológicamente anterior. Cervantes, en su última obra, Los trabajos de Persiles y Sigismunda, no se olvida de la Universidad salmantina. En la obra cervantina la mayoría de los estudiantes pobres viven de la picaresca. El bachiller Sansón Carrasco y el licenciado Tomás Rodaja serán los titulados por Salamanca más famosos de las obras de Cervantes. El principal pícaro es Carraolano, del entremés La Cueva de Salamanca. Unos estudiantes pícaros pero ejemplares son los que se fingen excautivos en el Persiles. En sus obras, Cervantes parece reflejar la época dorada de la Universidad de Salamanca, hasta los años 70 del siglo XVI.
Por el año 1581 y de retorno de un viaje a Lisboa, se le ha supuesto a Cervantes una pequeña estancia en Salamanca. Queda la posibilidad de una visita a Salamanca, por cercanía y curiosidad, durante la posterior estancia de Cervantes en la Corte de Valladolid, entre 1604 y 1606. En estas fechas la sitúa Fernando Álvarez. Los especialistas también han señalado un acusado autodidactismo en Cervantes y una notable afición a la lectura. De ello nace un evidente conocimiento de la literatura española e italiana de la época, destacadamente obras poéticas y de imaginación. No hay en el Quijote menciones a Valladolid como ciudad o Universidad; pero sí a la mansedumbre de las aguas del Pisuerga. Las alusiones a Salamanca aparecen, sin embargo, por diversos capítulos del Quijote, y más en la segunda parte que en la primera. En el capítulo XXXIV, en la historia del cautivo, aparece otro estudiante salmantino. En la segunda parte, en el capítulo XVI, el hijo del caballero del Verde Gabán había estudiado seis años de letras clásicas en Salamanca. En el capítulo XVIII, Cervantes, refiriéndose a las universidades del ámbito católico, parangona a Salamanca con las de París y Bolonia. Y en el capítulo LXVI se reitera la posibilidad de promoción civil y eclesiástica de los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Todo esto en la segunda parte del Quijote, la de 1615[8].
Pero los estudiantes de Salamanca trasiegan por la obra toda de Cervantes. El más famoso de ellos, el bachiller Sansón Carrasco de El Ingenioso Hidalgo, pero también muchos otros. En el Persiles, dos falsos cautivos no son sino estudiantes de Salamanca, disfrazados para correr y ver mundo. Unos años antes, en 1613, Cervantes había publicado El Licenciado Vidriera, formando parte de la colección de Novelas Ejemplares, y cuando su autor contaba sus buenos 66 años. Se trata de un estudiante, hijo de labradores pobres, que cursa leyes en Salamanca con condición de criado. Su locura manifiesta sembrará el asombro entre las gentes por su mordacidad satírica y sus dichos lúcidos y atrevidos, que ponen en ridículo y entredicho diversas hipocresías del momento. Nos encontramos ante la novela de un marginado lúcido, tanto por su ingenio como por su locura. Es en esta obra de El licenciado Vidriera donde descubrimos la famosa evocación de la mítica Salamanca. Cervantes parece conocer y refiere diversas peculiaridades del mundillo escolar.
Cervantes valora el estudio como una forma de promoción social y logro de oficios. Podemos evocar la atmósfera de algunas ciudades universitarias que aparecen a lo largo de la obra cervantina. Es el caso de Valladolid, ciudad que conocía por su propia residencia familiar y personal. Unas veces la recuerda estrictamente como ciudad de la Corte de Felipe III, pero en otras hacen su aparición los estudiantes. El mundo propiamente universitario es evocado por Cervantes en diversas ocasiones, directa o indirectamente. Cervantes destaca la jerga particular: el uso del latín. El mundillo universitario se hace visible por los propios caminos de don Alonso Quijano. Y también aparece evocado el tópico literario de la sordidez y precariedad de los pupilajes de estudiantes. El propio Cervantes recreará un encuentro personal con un estudiante andariego y fervoroso admirador en el Prólogo al Persiles, su obra póstuma. En el Prólogo al Persiles, Cervantes evoca un encuentro real o imaginario con un estudiante y admirador, y juntos hacen el camino hasta Madrid.
Cervantes tiene poca experiencia directa del mundo universitario. También nos presenta frecuentemente estudiantes de camino. En otros casos, lo universitario y salmantino se evoca a través de dichos, refranes, tópicos y opiniones del imaginario común de la época. El estudiante acompañaría a Cervantes en su camino hasta Madrid, entablando diálogo sobre la enfermedad de este.
A lo largo del Quijote y de la obra de Cervantes en general, las autoridades que pueden relacionarse con la formación universitaria resultan predominantemente clásicos latinos y griegos. El eslabón de aprendizaje latino es importante y diferenciador. Homero y Virgilio aparecen mencionados en distintos lugares del Quijote. En conjunción con Aristóteles, la recuperación renacentista de Platón multiplica sus menciones por el Quijote. La defensa del amor platónico también aparece en la boca de don Quijote. Las alusiones bíblicas resultan abundantes.
Son abundantes en el Quijote las alusiones sobre el Derecho. Los términos, locuciones y fórmulas jurídicas, forenses y notariales son abundantes en el Quijote. Los trastornos humorales resultan recurrentes a lo largo del Quijote. Lo sanguíneo de Sancho se contrapone a lo colérico y melancólico de don Quijote. Diversos términos y remedios médicos nos salen al paso. La figura del médico aparece dibujada en el Quijote, frecuentemente con tintes cómicos.
Parece demostrado al hilo de su biografía que Miguel de Cervantes no cursó estudios oficiales en las universidades de su tiempo. Y ello, a pesar de la formación humanista y de los variados saberes que se reflejan en su obra cumbre.
La acción de La tía fingida transcurre en Salamanca hacia 1575, y del argumento particular del relato podemos entresacar algunas referencias e hilvanes de vida estudiantil. El Quijote cervantino, en su segunda parte, se muestra conocedor del latín y lector de Virgilio. Aparecen también en Avellaneda ponderaciones de la Universidad de Salamanca, del tipo de las ya expuestas en el Quijote de Cervantes. En el capítulo XXXVI el autor nos informa de cómo don Quijote se escapó de la casa del Nuncio, famoso manicomio de Toledo; que volvió a sus imaginaciones y locuras; y que, con otro mejor caballo y esta vez sin escudero, se encaminó hacia Castilla la Vieja. En esta supuesta salida, don Quijote pasó por Salamanca, Ávila y Valladolid.
La sugerencia animaría, trescientos años después, al catedrático salmantino de Derecho Civil, Luis Maldonado de Guevara, para escribir un apunte de recreación literaria sobre esta posible estancia de don Quijote y Sancho en las Escuelas Mayores de la ciudad del Tormes. En el aula Magna de la Universidad de Salamanca, aclamado por los estudiantes, don Quijote se reconcilia con el escudero vizcaíno Sancho de Azpeitia y sale a hombros del Estudio.
Salamanca era la gran universidad de la época de Cervantes. De la pluma de Cervantes emerge el ambiente de sus personajes, y en especial del mundillo de los estudiantes que han pasado por ella[9]. Salamanca aparece una y otra vez en la obra cervantina. Diversos personajes cervantinos atestiguan la fama de las enseñanzas impartidas en la universidad salmantina, como también la declara el graduado de bachiller respecto a las ciencias aprendidas en la Cueva de Salamanca, saberes de otra índole que contrastan con las enseñanzas oficiales. En Salamanca se forman bachilleres, licenciados y doctores. La añoranza que el licenciado Vidriera siente desde Andalucía y sus deseos de regresar a Salamanca llaman la atención del lector cuando se sumerge en las páginas que relatan la vida de Tomás Rodaja. La prioridad del saber es evidente en este y en otros personajes cervantinos. En la novela protagonizada por Rodaja encontramos referencias al número de cursos, materias y titulaciones. Reseñas similares apreciamos en La ilustre fregona. La historia de Cipión y Berganza, tan interesante en el reflejo social y costumbrista, refiere el uso de bonetes o sombreros por parte de los estudiantes. En El laberinto de amor nos encontramos con el escolar capigorrista, término que apunta al atuendo característico de los estudiantes de Salamanca. En el orbe de la picardía, Cortado, uno de los protagonistas de Rinconete y Cortadillo, es natural de una aldea charra. Los estudios referidos en La ilustre fregona tienen lugar en Extremadura. Merece una atención especial La tía fingida. Su historia se desarrolla en Salamanca. La cueva de Salamanca es un entremés que presenta una significación singular, pues el estudiante que en él aparece es un escolar salmantino; los poderes mágicos y artes adivinatorias están vinculados con las ciencias que se enseñan en la cueva. Particular importancia adquiere la presencia de Salamanca, su Estudio y sus escolares en Don Quijote de la Mancha. En la Primera Parte sobresale la figura de Grisóstomo; tras muchos años de estudio en Salamanca, ha vuelto a su tierra con fama de muy sabio y muy leído. En la historia del cautivo hablamos al menos de tres hermanos con sus miras puestas en Salamanca para llevar a cabo sus estudios, poniendo así rumbo a la ciudad. En la Segunda parte de Don Quijote de la Mancha localizamos al joven de 18 años que ya ha realizado seis cursos en Salamanca; su tipología es la del estudioso de la literatura clásica y creador de versos. Peso especial tiene el prototipo de bachiller encarnado en Sansón Carrasco[10].
Los estudiantes que transitan por la obra cervantina aparecen una y otra vez vinculados con el Estudio salmantino. El estudiante de La cueva de Salamanca es salmantino. Salmantinos, castellanos, vizcaínos, andaluces y manchegos muestran la variedad geográfica de los estudiantes de Salamanca. A los pícaros de La ilustre fregona sus bien acomodadas familias les proveen con dinero y casa para sus estudios en Salamanca. Las figuras del ayo y los pajes aparecen también como cuidadores de los escolares en el Coloquio de Cipión y Berganza. El crédito de la Universidad de Salamanca queda de manifiesto en la historia de Camacho, Quiterio y Basilio (Don Quijote de la Mancha).
Frecuente es la presencia de Salamanca en las novelas ejemplares, como puede apreciarse reiteradamente en siete de ellas. Ocasional es la presencia de Salamanca en El vizcaíno fingido y en El retablo de las maravillas. Es significativa la presencia de estudiantes de Salamanca en una obra tan peculiar como Los trabajos de Persiles y Segismunda. Salamanca, el Estudio salmantino y los estudiantes aparecen una y otra vez en las novelas ejemplares. Rinconete y Cortadillo acoge también entre sus páginas la figura del estudiante. Cortadillo es natural de una aldea salmantina. Los estudios referidos en La ilustre fregona tienen lugar en Salamanca, indicándose las materias o titulaciones cursadas y los años académicos. La señora Cornelia nos presenta, con cierto parecido a los protagonistas de La ilustre fregona, a dos estudiantes vizcaínos y de buenas familias. Marco Antonio y Rafael son los protagonistas de Las dos doncellas. Los dos jóvenes cursan sus estudios en Salamanca. La tía fingida ofrece rasgos dignos de mención relacionados con Salamanca, el estudio y los estudiantes. En esta obra los protagonistas son escolares manchegos.
Es especialmente elogiosa la mención incluida en El licenciado Vidriera, famosa novela ejemplar ligada a Salamanca. Tomás Rodaja irá por segunda vez a Salamanca para continuar sus estudios. La locura y la fama del licenciado Vidriera se extienden por toda Castilla y él es reclamado en la corte. En Rinconete y Cortadillo aparecerá también la figura del estudiante, fusionándose el mundo picaresco y el estudiantil. En La ilustre fregona la enseñanza de la picardía triunfó sobre la de los estudios. La peculiar fusión de los lenguajes de la picardía y del estudio académico está presente también en La gitanilla. La tía fingida nos ofrece párrafos que inciden en los estudios, en los propios estudiantes y su altísimo número, así como la elevadísima consideración de cuanto la ciudad salmantina representa. Con la mención reiterada a los estudiantes de Salamanca finaliza una novela que comienza situando la historia en la ciudad universitaria de la mano de dos escolares manchegos.
En el Coloquio de Cipión y Berganza llama la atención la referencia ocasional a la universidad de Alcalá; el contraste con la abundancia de citas y la relevancia de la universidad salmantina es evidente. Las novelas ejemplares recogen considerables referencias a Salamanca como ciudad universitaria por excelencia y a sus estudios; notas sociales sobre Salamanca completan la visión, estima y enaltecimiento de la ciudad. El Coloquio de Cipión y Berganza no hace sino corroborar la atención dispensada por Cervantes a los escolares, sus aprendizajes, ámbitos y costumbres. La asociación de estudio y picardía, tal como hemos podido apreciar en La gitanilla y La ilustre fregona, constituye otro rasgo destacado en la narrativa cervantina.
Notable relevancia adquiere en las obras entremesiles la figura del estudiante de La cueva de Salamanca. Una vez más estamos ante la estrecha relación de Salamanca con el estudio; en este caso, los saberes nos llevan al mundo oculto de las ciencias nigrománticas. El mundo estudiantil no es ajeno al teatro. Hemos de señalar la esporádica aparición del estudiante capigorrista y el uso del lenguaje académico como rasgos llamativos. Los trabajos de Persiles y Segismunda, postrera novela de aventuras, tiene reservado un espacio para Salamanca y su ambiente estudiantil. Dos comedias cervantinas llaman la atención del lector por la presencia de estudiantes: El laberinto de amor y El rufián dichoso. En El laberinto de amor el reflejo más acusado del mundo estudiantil en la primera jornada explica la aparición de términos y expresiones propios del ámbito académico, con su vertiente pícara y burlona.
La Segunda parte de Don Quijote de la Mancha acoge muy pronto la referencia al crédito de la Universidad de Salamanca. Destaca la figura de Sansón Carrasco. En el capítulo XVIII, el propio don Quijote enaltece el Estudio salmantino al destacarlo junto a las academias de París y Bolonia, sucesoras de las antiguas de Atenas. La historia de Camacho, Quiteria y Basilio presenta una doble alusión a Salamanca. El afán enaltecedor de Salamanca y su universidad es compartido por otros grandes autores del Siglo de Oro español. Lope de Vega es un buen ejemplo de ello. La producción literaria de Lope de Vega es una de las más pródigas tanto en referencias enaltecedoras de Salamanca y su universidad como en reflejos costumbristas de la vida estudiantil. El estudiante salmantino es un tipo literario frecuente en la literatura áurea, en la que adquiere indudable protagonismo.
La Cueva de Salamanca
A partir de 1993 se recuperó para la ciudad un lugar único en el que, en un espacio recoleto, se sitúa la torre del Marqués de Villena, los restos de las murallas romana y vaccea, los restos de los cementerios romano y vacceo, la planta de la iglesia de San Cebrián y la Cueva de Salamanca. A todo esto, hay que sumar la exposición de los restos encontrados en un pequeño museo al aire libre, en el atrio que da entrada por la plaza de Carvajal a la Torre del Marqués de Villena. Y la Cueva de Salamanca es una fuente de interés para todos los preocupados por la demonología, la nigromancia, la cartomancia y todo lo referente a la brujería y la magia negra. La Cueva fue lugar de culto de los pueblos primitivos y llegó a molestar a los poderes políticos y universitarios[11].
Las tradiciones salmantinas guardan la leyenda de la Cueva de Salamanca, como lugar de un viejo culto nigromántico, relacionado con la presencia del Demonio en un punto del subsuelo geológico de la ciudad, donde impartía a la luz de una animada vela incombustible clases de adivinación y otras artes diabólicas durante siete años a siete estudiantes, de los que uno, como pago obligado por las lecciones dictadas, se quedaba en poder del Maligno. Pero un día un estudiante desafió a los poderes infernales y consiguió burlar el oneroso pago estipulado, escapándose. Esta creencia popular, originada en la Baja Edad Media, fraguó en una historia dramáticamente estructurada y racionalizada con el concurso de diversos elementos culturales, salidos del acervo común del folklore europeo. Aquella leyenda desembocaría en un sostenido y prolífico interés literario, a través de numerosas obras[12].
Las modernas investigaciones arqueológicas han encontrado cenizales celtibéricos, en obligada proximidad con los restos de una necrópolis medieval por los alrededores de lo que fue la desaparecida iglesia de San Cebrián. El desnivel del terreno sobre el que se asentaba la iglesia, certificada desde los tiempos de la repoblación, permitía debajo de la cabecera de la iglesia, en el subsuelo del altar mayor, un espacio hueco, habilitado para sacristía, donde estaba la Cueva, a la que se accedía por una estrecha escalera abovedada, de peligrosa pendiente y sólida estructura de mampostería y piedra labrada.
El personaje central de la leyenda, aparte del Demonio, fue el famoso marqués Don Enrique de Villena (1384 – 1434). Entre los estudios que sustentaron su fama de brujo, destacan los de Antropología. Su fama de brujo sobrevivió a su muerte y se convirtió en el nigromante emblemático de la Edad Media. Su incorporación a la leyenda de la Cueva debió ser más bien tardía. La vigencia de la leyenda siguió extendiéndose por los textos literarios y la Cueva no perdió su atractivo para la imaginación de los estudiantes. Todavía en tiempos de Unamuno, la leyenda seguía viva. El propio Unamuno despreciaba la leyenda. La leyenda de la Cueva de Salamanca, verbalizada a principios del siglo XIV, creció a partir de este momento y con el paso de los años se fue transformando y recibiendo las aportaciones de las nuevas experiencias culturales de cada época. Algunos elementos, como el demonio, la docencia y los estudiantes, mantuvieron su presencia de un modo continuo y formaron como el núcleo esencial de la narración fantástica. El Demonio era el eje central de la leyenda de Salamanca.
Otro de los elementos de la leyenda está compuesto por los estudiantes, el colectivo imprescindible de la ciudad desde hace casi ochocientos años, cita ineludible siempre que una acción del teatro español se sitúa en Salamanca, que había sido nigromántico y burlón en Cervantes. Los estudiantes endiablados llegaron a ser un tópico de la imagen de la ciudad. En La tía fingida se les califica de “gente moza, antojadiza, arrojada, libre, aficionada, gastadora, discreta, diabólica y de humor”, que resultó ser el retrato más completo y fidedigno de su monumental iconografía. Cervantes, en La Cueva de Salamanca, retorna al tópico para decir que “el mismo diablo tiene el estudiante en el cuerpo metido”. Los estudiantes y el Demonio se encuentran en la Cueva en la oscuridad de la noche. Porque la noche había sido presencia constante en las llegadas de los estudiantes de Salamanca, empezando por la de la Cueva, como testimonio legendario de la afición noctámbula del colectivo estudiantil.
Cuando se habla de las clases que el Demonio impartía en la Cueva de Salamanca, se hace referencia a la Nigromancia. La Nigromancia era una de las ciencias de la adivinación. El número de estudiantes de la Cueva era el de siete y sus años de estudio también eran siete. La idea de la libertad es el núcleo germinal de la leyenda. La leyenda de la Cueva de Salamanca se suma a las leyendas del trato con el Diablo, que tanto abundan en la cultura europea. La Universidad y la Cueva de Salamanca estuvieron unidas durante algún tiempo y se condicionaron mutuamente en los primeros siglos de su historia. La identificación del nombre de Salamanca con prácticas iniciáticas, prodigios inexplicables y mundos ultratelúricos se hace un tópico, por lo menos desde el siglo XV.
La tradición nigromántica de la ciudad se incorporaría estelarmente al teatro clásico con Cervantes, Ruiz de Alarcón y Rojas Zorrilla, para volver a aparecer un siglo después en la prosa didáctica y elegante del P. Feijoo. En los libros de Diego de Torres y Villarroel se dan cita las dos raíces de la leyenda de la Cueva: las artes adivinatorias y la ciencia universitaria. Rodríguez de la Flor subraya este carácter esotérico de Salamanca. Todo esto ocurría en la Salamanca ilustrada y se continuó en la Salamanca romántica de Espronceda. La tradición de Salamanca y la tradición del estudiante están unidas entre sí por evidentes conexiones históricas y reunidas en la leyenda de la Cueva de Salamanca, en la que se juntan la fama esotérica y nigromántica de la ciudad y la figura rebelde y juvenil del estudiante salmantino.
Viajeros, historiadores, demonólogos y escritores atestiguan sobre la Cueva y nos dan noticias sobre su situación, importancia e impacto social. El entremés de Cervantes es la carta de naturaleza literaria de la Cueva. El brujo Torres Villarroel confirma la existencia de la Cueva y de la leyenda. De la descendencia literaria de la Cueva, el entremés de Cervantes destaca, según Egido, por conocimiento directo del tema en sus estancias en Salamanca. Cervantes, que debió de visitar varias veces la ciudad, de paso para Valladolid, sabía lo que era la Cueva y su funcionalidad mágica, como contrapunto marginal y crítico a la magnificencia doctoral y a la euforia intelectual de la célebre Universidad de Salamanca, lo que complacería a su reductora y desmitificadora visión irónica de la realidad. Esta sugestiva contradicción y los elementos espectaculares del tema debieron mover la imaginación cervantina para componer su entremés, con la misma intencionalidad crítica y el mismo amor por los héroes vencidos que alentarían en su Quijote, porque la Cueva es en sus manos motivo humorístico, desengaño de fin de fiesta, sonrisa crepuscular y reflexiva, nostalgia y quizá remordimiento.
A pesar del título, la Cueva no aparece por ningún lado, pero su tema es introducido por un estudiante salmantino, que resuelve, gracias a su ingenio y a su pasado discipular en la famosa Cueva, los apuros de dos parejas de enamorados alegres y despendolados. Todo termina en el acostumbrado baile de los entremeses y las coplas, que alaban las extrañas cualidades de la célebre Cueva de Salamanca. En estas coplas finales se hace la glosa de la Cueva, con un sesgo irónico, muy cervantino, que confunde la leyenda con la propia obra y las reúne en una misma intención, borrando una vez más, como lo hiciera en el Quijote, la frontera entre ficción y realidad, cultura viva y cultura libresca, realidad vivida y realidad soñada, testimonio y distanciamiento humorístico. Lo maravilloso cuadraba muy bien al género y las transformaciones mágicas, que eran frecuentes en los entremeses como fuente de humor y de sorpresa, unen la oportunidad escénica a las necesidades de la expresión cervantina. Cervantes, que respeta toda la tradición del personaje, alocado, simpático y enredador, utiliza la fama nigromántica de la ciudad y el carácter endiablado del estudiante. El entremés cervantino tuvo una larga descendencia en España y fuera de España.
Entre los abundantes tópicos infernales de las cuevas en la obra de Cervantes, ninguna los comprende de manera tan espléndida como la que figura en el entremés La cueva de Salamanca. Para Cervantes, la cueva de Salamanca no será tan infernal como quería el folklore. Hoy día los biógrafos de Cervantes miran con cierta suspicacia la relación del autor con tierras salmantinas, pero el alcalaíno –bien como estudiante, bien como simple visitante–, había constatado cómo los aspirantes a bachilleres y licenciados en Salamanca alimentaban la leyenda de la Cueva de Salamanca para engañar a un pueblo ávido de semejantes mitos. Más de una vez –especialmente en algunos rasgos del bachiller Sansón Carrasco y en los falsos cautivos del Persiles–, el escritor señalaría a los estudiantes de Salamanca como auténticos y a veces diabólicos rufianes que vivían de la credulidad y del miedo de los más ignorantes. En el entremés, Cervantes atribuye la magia al ingenio de los estudiantes, quienes se allegan la complicidad del público. Pocas representaciones demoníacas de Cervantes son tan grotescas, pero en pocas se expresa en tal intensidad su espíritu transgresor. La Cueva de Salamanca se convierte en una irreverente reflexión sobre la estulticia y la credulidad[13].
El entremés de Cervantes se publicó en 1615. Esta cueva tuvo su origen en la iglesia de San Cebrián, un templo ya desaparecido que fue construido en el siglo XI. La famosa cavidad en la sacristía de dicha iglesia es la única parte de ella que hoy en día se conserva en pie. Según la tradición, San Cipriano también fue un mago. Justo al lado de la Cueva de Salamanca se encuentra la famosa Torre del Marqués de Villena, que recibe ese nombre por localizarse al lado del famoso rincón en el que se supone que el marqués recibió todas sus enseñanzas. Data del siglo XV y fue construida sobre los restos de la antigua Cerca Vieja, la antigua muralla que rodeaba Salamanca en tiempos medievales y de la que se conservan escasos tramos[14].
[1] KENT, Conrad: “Salamanca en la Edad de Oro”. Salamanca en la Edad de Oro / Conrad Kent, coordinador. Ohio: Wesleyan University, 1995.
[2] SULLIVAN, Henry W: “La imagen de Salamanca en la literatura del Siglo de Oro”. Ibid.
[3] BAKER, Edward: “El discurso del cuerpo en Don Quijote y en El licenciado Vidriera”. Ibid.
[4] RODRÍGUEZ – SAN PEDRO BEZARES, Luis E.: “Vida estudiantil en los Siglos de Oro”. RODRÍGUEZ – SAN PEDRO BEZARES, Luis E. y MARTÍNEZ DEL RÍO, Roberto: Estudiantes de Salamanca. 1ª reimp. Salamanca: Universidad, 2008.
[5] MÁRQUEZ VILLANUEVA, Francisco: “Cervantes y el erotismo estudiantil”. Ínsula, 538, octubre 1991, pp. 26 – 28.
[6] MÉNDEZ PEÑATE, Sergio: Presencia de Salamanca en la obra de Cervantes. Salamanca: Universidad, 1982.
[7] BRAVO PÉREZ, María del Consuelo: La educación en la obra de Cervantes, con relación especial al humor. Salamanca: Universidad, 2003.
[8] RODRÍGUEZ – SAN PEDRO BEZARES, Luis E.: Atmósfera universitaria en Cervantes. Salamanca: Universidad, 2006.
[9] HERNÁNDEZ DÍAZ, José María: “Presentación. La Salamanca universitaria de Cervantes”. GÓMEZ MARTÍN, Fernando E.: Salamanca y el Estudio salmantino en la obra de Cervantes. Villares de la Reina: Andrés García Libros, 2017.
[10] Ibid.
[11] MÁLAGA GUERRERO, Jesús: Prólogo. EGIDO, Luciano G.: La Cueva de Salamanca. Salamanca: Ayuntamiento, 1994.
[12] Ibid.
[13] PADILLA, Ignacio: Cervantes en los infiernos. Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2011.
[14] MÉNDEZ, Ana Esther: Salamanca de leyenda. Córdoba: Almuzara, 2022.