
El pasado 16 de enero se presentó en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid el estudio de investigación “El lugar de La Mancha, cuyo nombre está al lado de El Toboso” en el que, según sus autores, es Miguel Esteban (Toledo) el lugar de don Quijote. Lo justifican al estar al lado de la villa toledana de El Toboso, además de su relación con hechos históricos locales que supuestamente coinciden con episodios de la novela universal. Como se ha podido leer en la prensa, sus autores defienden que «Las coincidencias son «amplias»y van desde los ataques a los molinos de viento, los duelos con lanza, rocines por el suelo, caballeros que no lo son, ventas sin pagar, bibliotecas y archivos desaparecidos, dulcineas hechizadas, apaleamientos de curas, hidalgos muertos de melancolía y hasta sobrinas nobles huérfanas».
Para marcar un lugar, camino o paraje en un mapa, siguiendo las descripciones de un autor de novela que las aporte, es necesario que las variables geográficas que se desprenden del texto coincidan con el lugar marcado. Cervantes no solo nos deja descripciones de lugares, caminos y parajes de la comarca manchega del lugar de don Quijote y Sancho, sino que además nos dibuja la morfología y el entorno social de este lugar.
A la espera de poder leer este estudio y apreciar cómo, siguiendo un análisis científico mediante métodos inductivos y deductivos, justifican que estas variables geográficas encajan en su propuesta, en un mapa de la zona me anticipo a comprobar su coincidencia con el texto.
El lugar de don Quijote está cerca de El Toboso. Don Quijote con Sancho, en su tercera salida de su casa, dirige a Rocinante hacia El Toboso. Salen al anochecer con la intención de «alcanzar a ver con el día al Toboso». Aunque no dice Cervantes que se parasen a pasar la noche en algún punto del camino, sí nos señala que «en estas y otras las pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente», llegando al anochecer a ver El Toboso. Por tanto, la distancia que hay entre ambos lugares es de una jornada de camino de noche o de día, como finalmente la hacen. Cervantes escoge un caballo para don Quijote que no vale «ni aún la mitad» que uno normal, como le precisa el ventero, y cuantifica precisamente en la playa de Barcelona su condición física durante el duelo con el Caballero de la Blanca Luna. De la distancia que los separaba, el caballo del de la Blanca Luna llegó a Rocinante «a dos tercios andados de la carrera». Solo un tercio de la carrera había sido capaz Rocinante de hacer, la mitad.
Considerando que un caballo normal camina una legua a la hora, en una jornada de ocho a diez horas Rocinante había recorrido desde su cuadra hasta El Toboso cuatro o cinco leguas, unos veinticinco a treinta kilómetros. La distancia aproximada entre Miguel Esteban y El Toboso es de tan solo siete kilómetros.
El lugar de don Quijote está aún más cerca de la villa molinera de Campo de Criptana, la única que a principios del siglo XVII contaba con más de treinta molinos de viento, como nos cuantifica Cervantes en la conocidísima batalla contra uno de sus molinos. Esta aventura ocurre al principio de su segunda salida de su casa, ya con Sancho de escudero. Salen en mitad de la noche para no ser vistos por sus familias y vecinos. Al amanecer, a «la hora de la mañana… descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo». En una corta noche de verano, entre su salida cautelosa en mitad de ella y la salida del Sol pasarían unas dos o tres horas. En este tiempo, Rocinante había recorrido entre seis a nueve kilómetros. La distancia que aproximadamente separa Miguel Esteban de Campo de Criptana es de unos catorce kilómetros en línea recta.
En su primera salida, don Quijote sale al amanecer de su casa y al final de un largo y caluroso día del mes de julio al «tiempo que anochecía» llega a una venta donde es burlescamente armado caballero. No sé hacia qué venta encaminan los autores de este estudio a don Quijote. Suponiendo que lo hagan hacia la antigua Venta de Manjavacas, venta que ya marqué en 2010 como la venta donde es armado caballero, la distancia que hay con Miguel Esteban es de unos veinte kilómetros. En ese larguísimo día de verano, el flojo de Rocinante, en unas doce o catorce horas de camino, habría recorrido treinta y cinco o cuarenta kilómetros, justo el doble.
Hay que tener en cuenta que don Quijote, tanto en su primera salida hacia la venta como en la segunda hacia los cerros de Campo de Criptana, sale de su pueblo en la misma dirección: «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje». La Venta de Manjavacas y los molinos de viento de Campo de Criptana, desde Miguel Esteban, son caminos muy distintos.

¡Geográficamente es evidente que Miguel Esteban no coincide en nada con el lugar de don Quijote!
Hay imágenes, expresadas con palabras, que reflejan la morfología y el entorno social de principios del siglo XVII en el lugar de don Quijote. En la carta de respuesta que Teresa le manda a Sancho, gobernador en ese tiempo de Barataria, le dice a modo de despedida que «la fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas». Miguel Esteban era una pequeña villa de la Orden de Santiago y como tal tenía justicia propia y podía disponer una picota, a la que en alguna tormenta un rayo impacto en ella. Lo que no pudo ver Cervantes en su plaza es una fuente de agua dulce, porque no la tenía, como la mayoría de lugares de esta comarca manchega hasta más de un siglo después. En sus Relaciones de 1575 dicen que «es falta de agua, que en ella no hay ninguna para beber la gente, e van fuera de ella por la dicha agua»
Uno de los personajes secundarios del Quijote es el barbero, amigo de don Quijote. Otra imagen cotidiana entre sus vecinos, yendo a su barbería para que le cortasen la barba o le sacara una muela. Miguel Esteban era tan pequeña, unos trescientos vecinos, que no había ningún barbero, como también nos dicen en sus Relaciones: «… no haber zapatero, ni tendero, ni herrero, ni médico, ni barbero…» Apuntar aquí que Miguel Esteban un cuarto de siglo antes de escribirse la primera parte del Quijote no disponía tampoco de una tienda donde ir a comprar, sin embargo el lugar de don Quijote, al menos, disponía de una tienda. Para que Sancho reconociese al peregrino que había encontrado en el camino, este le dice: «¿Cómo y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar?»
Otra imagen habitual sería ver en sus calles y caminos a vecinos con cañas de pescar yendo y viniendo al río Gigüela o a sus humedales a pescar. En la animada conversación que mantiene el escudero del Caballero de los Espejos con Sancho, que son vecinos, mientras sus caballeros platicaban de sus cosas, le dice «¿qué escudero hay tan pobre en el mundo a quien le falte un rocín y un par de galgos y una caña de pescar con que entretenerse en su aldea?… respondiéndole Sancho «a mi no me falta nada de eso». El interrogatorio que se hace a los lugares en las Relaciones se les pregunta que dijeran «Las riberas, huertas, regadíos y las frutas, y otras cosas que en ellas se cogen, y los pescados y pesquerías que los dichos ríos hubiere, y los dueños y señores de ellos, y lo que les suele valer y rentar». Miguel Esteban no contesta a esta cuestión.
Sin duda alguna, el lugar de don Quijote debía de ser famoso por sus montes y buenas cosechas de bellota. Tanto, que La Duquesa al final de su carta con Teresa, le pide a la mujer de Sancho: « Dícenme que en ese lugar hay bellotas gordas: envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho por ser de su mano…» Miguel Esteban en aquella época solo tenía «dos montes pequeños, e para el sustento es necesario ir a ocho leguas por leña» Sus únicos recursos era el cultivo de trigo para el pan, «e que se coge poco» y algo de vid para el vino de consumo.
Miguel Esteban es un lugar de la Mancha en el que nada encaja con el Quijote, pero, como le decía don Quijote a Sancho: «andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto».