Cervantes y sus modelos de Ángel Lizcano Monedero (1887), Museo del Prado

¿CONOCIÓ MIGUEL DE CERVANTES A ALONSO DE AYLLÓN?

El pintor alcazareño Ángel Lizcano Monedero (Alcázar de San Juan, 1846-Leganés, 1929) presentó en la Exposición Nacional de 1887 un cuadro de grandes dimensiones, 235 x 395 cm, con el que obtuvo una segunda medalla. El título de este óleo sobre lienzo es Cervantes y sus modelos.

Como en un casting actual para cualquier obra de teatro, cine, etc., Lizcano pinta a Cervantes bien vestido sentado tras una mesa ordenada dentro de un patio manchego sucio y desordenado. El propietario de este local le ha puesto su mejor mesa y mantel sobre una maltrecha estera de esparto. Al lado, Cervantes ha dejado sobre un soporte de silla de montar su capa, sombrero y espada.

En las sucias paredes de blanco y añil destaca un crucifijo pintado y una loseta incrustada, también de blanco y añil, con el inicio en latín de la oración a la Virgen María más popular: AVE MARÍA. En un grafiti, justo detrás de Cervantes, se puede leer: En un lugar de la… Es invierno y para caldear un poco la estancia varios libros hacen de combustible en una hoguera improvisada, de la que todavía se han salvado varios papeles desordenados y libros que están tirados delante de la mesa, en uno de los libros podemos leer su título: Amadís de Gaula. En este caos también se ve en el suelo una cadena, que bien podría ser unos grilletes, y tres pellejos de vino que están donde no deben de estar.

El alboroto que se aprecia de las varias decenas de personas que están en la parte baja del patio y en su galería superior contrasta con la serenidad de Cervantes, que mira, mientras los describe con su mano buena, a sus dos primeros candidatos para el elenco de su novela. Son dos figuras contrapuestas. Uno es alto, seco de carnes, aunque bien calzado lleva como abrigo una manta vieja, ya roída. Empuña una espada a la que mira ensimismado su punta a escasos centímetros de unos de los hinchados pellejos de vino. Delante de él aparece otra figura, como tratando de convencerlo de que no haga con la espada lo que está a punto de suceder, más bajo y corpulento, calza abarcas y colgada de su hombro lleva una bota de vino.

Sí, delante de Cervantes están sus modelos reales, los que serán  protagonistas principales de su novela: don Quijote y Sancho Panza.

Hace ya casi ciento cuarenta años que el alcazareño Lizcano barruntaba que los personajes del Quijote fueron personas reales manchegas, a las que Cervantes retrató sus figuras, formas de ser e incluso sus mismos hechos.

Cervantes y sus modelos es una genial interpretación de Lizcano pero ¿pudo haber sido así a comienzos del siglo XVII?

Ruta cervantina en Alcázar de San Juan el día 15 de noviembre

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, a la que pertenezco, realiza varias veces al año una ruta guiada por las calles y plazas de Alcázar que tienen relación directa o indirecta con el Quijote y su autor. Cuando pasamos por la calle San Juan, Manuel Rubio, también miembro de la Sociedad Cervantina, explica por qué nos paramos frente a una casa que no tiene nada en especial.

Exterior y patio de la casa de don Juan López Caballero en la calle San Juan

No tiene nada especial hoy, pero repartiendo las fotografías de la casa que aquí hubo hasta comienzos de la década de los años 70 del paso siglo, Manuel Rubio nos detalla que en ella vivió don Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, biznieto de don Juan López Caballero, casado con doña Teresa de Mendoza, con la que tuvo cinco hijos: María, Isabel, Juan, Sebastián y Clara.

En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se conserva el testamento de doña Teresa de Mendoza, dictadoen 1603en el que doña Teresa declara estar seriamente preocupada por el estado mental de su marido Alonso de Ayllón “que no tiene juicio y le está defendida la administración de los bienes” y pide y suplica a las justicias y jueces competentes que provean de tutor de su hija Clara, de ocho años, a su yerno Pedro de Cervantes, esposo de su hija Isabel. En el testamento nombra albaceas a su yerno Pedro de Cervantes y al padre de éste, Antonio de Cervantes;  lo firman tres testigos ante el escribano Juan Gutiérrez.

Es muy interesante comprobar la relación directa de doña Teresa de Mendoza con el apellido Cervantes: su yerno es Pedro de Cervantes, al que nombra albacea en su testamento junto a su padre Antonio de Cervantes. Y más interesante es la coincidencia de su marido, don Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, con don Quijote:

«Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba Quijana… Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos…

Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido…» (Q1, 1)

Don Quijote y don Alonso de Ayllón comparten nombre, apellido, tienen perdido el juicio y también su hacienda. Esta coincidencia se constata a solo dos años de la publicación de la primera parte del Quijote.

Pero Rubio retrocede muchos años atrás cuando “en 1457 es nombrado Gran Prior de la Orden de San Juan don Juan de Valenzuela, a cuyo servicio estuvo don Juan López Caballero, el propietario original de esta casa. López Caballero se casa con doña Inés de Cabrera, hija del Marqués de Moya, con la que tiene tres hijos: Pedro Barba, Juan Barba y Catalina Vela”.

Doña Catalina Vela se casa con don Garci Pérez de Ribadeneyra y tiene dos hijos: Jerónimo de Ayllón y Alonso Palomeque. Don Jerónimo de Ayllón se desposa con doña Ana Gutiérrez de Quesada, de cuyo matrimonio nace Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, quién a principios del siglo XVII vivía en esta misma casa con su esposa doña Teresa de Mendoza.

Imagen del escudo de armas de la familia Gutierre de Quijada de Alcázar de San Juan, a la que el rey Juan II permitió colocar el busto de un borgoñón en recuerdo de la hazaña realizada

Manuel Rubio rescata del cronista del rey Juan II de Castilla, Juan de Mena, el episodio en el que “dos caballeros, Pedro Barba y su primo Gutierre Quijada, salieron de Castilla con destino a la Corte del duque Felipe de Borgoña para cumplir la misión de batirse en duelo con los hijos bastardos del conde San Polo. Solo se batió Gutierre Quijada que venció y dio muerte a uno de los hijos del conde”, y tras abrir su Quijote por el capítulo XLIX de la primera parte, da lectura a la conversación que don Quijote mantiene con el canónigo de Toledo, cuando este le cuestiona la existencia real de los caballeros andantes y don Quijote le afirma:

“Si no, díganme también que no es verdad que fue caballero andante el valiente lusitano Juan de Merlo, que fue a Borgoña y se combatió en la ciudad de Ras con el famoso señor de Charní… y las aventuras y desafíos que también acabaron en Borgoña los valientes españoles Pedro Barba y Gutierre Quijada, de cuya alcurnia yo desciendo por línea recta de varónvenciendo a los hijos del conde de San Polo…

Admirado quedó el canónigo de oír la mezcla que don Quijote hacía de verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas cosas tocantes y concernientes a los hechos de su andante caballería, y así, le respondió:

—No puedo yo negar, señor don Quijote, que no sea verdad algo de lo que vuestra merced ha dicho, especialmente en lo que toca a los caballeros andantes españoles” (Q1, XLIX)

Ángel Ligero Móstoles en La Mancha de Don Quijote Tomo I (1991) nos transcribe un pleito que interpuso en 1515 don Jerónimo de Ayllón, sobrino de don Pedro Barba, por los derechos de propiedad sobre la dehesa de Villacentenos. La dehesa de Villacentenos era un privilegio que el Gran Prior don Juan de Valenzuela otorgó a don Juan López Caballero por los servicios prestados, que al morir pasó a su hijo don Pedro Barba. A la muerte de este pasó el privilegio a su hermana doña Catalina Vela, madre del litigante, actual poseedor.

En las declaraciones de varios vecinos de Alcázar de San Juan ponen de manifiesto haber conocido a don Pedro Barba como un hombre de armas, ausente durante años de esta villa:

“… sabe que el dicho Pedro Barba, anduvo ausente desta tierra, en guerras y en más partes ciertos años en el reino de Granada, y que venido el dicho Pedro barba, dijo a este testigo, que había andado en las guerras en servicio de sus Majestades, y que por esto sabe lo que dicho tiene”.

“… sabe que el dicho Pedro Barba durante el tiempo que tiene declarado cierto tiempo estuvo ausente deste priorazgo e le dixeron y era público que estaba en servicio de la Corona Real, hombre de armas, y que cuando vino y tornó a esta Orden vino en hábito y maña de hombre de armas y que tornó a tomar y tener y poseer la susodicha dehesa de Villacentenos como suya…”

En 1603 vive en esta casa Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada, que es sobrino nieto de Pedro Barba por parte de padre y descendiente directo, por parte de madre, de los Gutiérrez de Quesada o Quijada, una de las familias nobles de Alcázar de San Juan; recordemos que fue fray Arias Gutierrez Quesada, Lugarteniente de la Orden de San Juan, quien confirmó, en 1308, el privilegio dado a Alcázar de pasar de aldea a villa.

Cervantes y sus modelos es una interpretación del pintor alcazareño Ángel Lizcano, y me hacía antes esta pregunta: ¿pudo haber sido así a comienzos del siglo XVII? Para terminar ahora con otra: ¿conoció Miguel de Cervantes al alcazareño Alonso de Ayllón en 1603, solo dos años antes de su primer Quijote, quien además de compartir nombre y apellido con su protagonista, también tenía perdido el juicio y mal administada su hacienda? Ante multitud de teorías expuestas a lo largo de los años, quizás con seguir el principio lógico de Ockham tendríamos las respuestas, en este caso también son las más simples. Solo hay que leer al propio Cervantes en el Quijote, las crónicas antiguas y la propia historia de Alcázar de San Juan.

Esta casa, en el siglo XVII, tenía la puerta de su corral directamente al campo, hoy actual calle de Santa Ana desde dónde escribo este artículo. Así describe el narrador la salida de don Quijote de su casa:

“Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de Julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza y por la puerta falsa de un corral salió al campo con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo” (Q1, 2)

Esta relación directa de Alonso de Ayllón Gutiérrez de Quesada con Pedro Barba y con los Gutierre Quijada le hace ser el modelo en quién Cervantes se fijó para su don Quijote. Personas y personajes reales de Alcázar de San Juan que no hacen sino evidenciar, junto a su situación geográfica y morfología urbana, a Alcázar como el lugar de don Quijote.

Casa de Blas de Cervantes Saavedra. Fotografía de Leónidas Roisín, 1929

La ruta cervantina sigue y a solo unos pocos metros entramos en la plaza de Cervantes, antigua plaza de las Rubias, donde vivían a principios del siglo XVII los Cervantes, los Saavedras y los Barchinos. Y nos volvemos a parar delante de otra casa levantada también sobre otra tan antigua como la anterior. En ella vivieron durante la segunda mitad del siglo XVI Blas de Cervantes Saavedra, su mujer Catalina López y sus cuatro hijos Miguel, Francisco, Leonor y Tomás…

                                                              Luis Miguel Román Alhambra