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Félix Patiño Galán.- https://orcid.org/0000-0003-4171-5419
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RESUMEN
Villafranca de los Caballeros, es un pueblo de Castilla – La Mancha en la provincia de Toledo. Sabemos que desde el siglo XVIII, ha desarrollado una actividad de extracción y elaboración de piedras de afilar utilizando las vetas de los terrenos de alrededor de sus lagunas, al Noroeste del pueblo y fabricando otros productos como abrevaderos, piedras de construcción, lápidas funerarias y otros. Nuestras fuentes han sido los testimonios de personas que han participado en estos trabajos y pretendemos reconstruir parte de los procesos de extracción, fabricación y comercialización. Una actividad que desapareció en la segunda mitad del siglo pasado y no podemos dejar que se diluya en el olvido.
ABSTRACT
Villafranca de los Caballeros, it is a town of Castilla – La Mancha in the province of Toledo. We know that, at least since the XVIII century, it has engaged in the extraction and production of sharpening stones using the seams found in the lands surrounding the nearby lagoons, to the Northwest of the town and manufacturing products such as troughs, building stones, gravestones and others. Our sources were the accounts of people who participated in these jobs and we intend to replicate part of the extraction, manufacturing and marketing processes. An activity that disappeared in the second half of the last century and that we cannot let fade into oblivion.
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1.- INTRODUCCIÓN Y ESTADO DE LA CUESTIÓN
Todos los villafranqueros de cierta edad hemos crecido asumiendo como cotidiana la existencia de las piedras de afilar, en todas las casas se usaban piedras que eran de nuestro entorno, en las cocinas, en los hatos de los podadores, en los avíos de los segadores, en las alforjas de los agricultores, en todo momento, hemos encontrado piedras de afilar, piedras de asperón.
Nadie, hasta ahora ha estudiado esta actividad que siempre se ha nombrado como un oficio antiguo, relacionado con una zona concreta del entorno de las lagunas y con unas familias dedicadas a la cantería. Gracias al interés de Pedro Moya, nos pusimos a seguir las pocas pistas existentes: el Catastro de Ensenada y las declaraciones de los testigos vivos de este arte, familiares de los maestros canteros. Gracias a su disposición y a su memoria hemos podido reconstruir parte de este oficio y definir sus herramientas. Nuestra fuente de información la han compuesto Antonio Velasco, Felisa Velasco y Francisco Velasco, primos ellos e hijos de canteros. Todos han sido testigos de esta actividad y han ayudado a sus padres en diferentes tareas. Vaya aquí nuestro agradecimiento.
La metodología de trabajo ha sido sencilla: Una entrevista grabada con cada uno de nuestros informantes, sus transcripciones y, por último, la referencia más antigua a este oficio en Villafranca: el Catastro de Ensenada. Análisis de estos datos y explicación de las conclusiones en este trabajo.
Estos maestros de la piedra han mantenido y perfeccionado su arte a lo largo de cientos de años hasta el comienzo de la segunda mitad del siglo XX. Es posible que la actividad cantera existiese en siglos anteriores pero no tenemos datos que lo demuestren, hasta ahora. Sí podemos afirmar que los canteros han mantenido esta actividad desde mediados del XVIII a mediados del XX.
2.- PRODUCTOS
Los canteros de Villafranca han fabricado piedras de afilar en dos modalidades básicas:
1.- Los asperonesque son de uso corriente. Suelen ser de forma rectangular y de medidas variables en torno a 15/20 x 7/10 cm. Sirven para afilar cuchillos, navajas, tijeras, su uso fue masivo en los períodos de siega para mantener las hoces en perfecto estado. Todas las alforjas de los segadores llevaban, al menos, una de estas piedras; los podadores igualmente las han usado para afilar sus tijeras, hachas y navajas.

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2.- Las piedras de vuelo. Redondas. Sus medidas varían escalonadamente entre 40 y 80 cm de diámetro. Con un agujero central para el eje de giro. Girando en torno a su eje creaban un área de afilado en su circunferencia exterior. Se han vendido en diferentes zonas como Madrid, Segovia, Cáceres y han sido una herramienta de afiladores ambulantes y de carpinteros del entorno.
Otros productos:
3.- Pilillas para usarlas como pesebres de animales, en Villafranca solían ser para los cerdos de cría. Son de una pieza con unos 50 cm de diámetro y 30 cm de altura. Compuestas con una sola piedra que se vaciaba en su centro, dejando unas paredes de 7/8 cm de grueso.

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4.- Pilones aproximadamente son el doble que las pilillas. Con laterales curvos y los bordes largos y rectos. Su uso más corriente era como abrevadero de ganado caballar.
5.- Lápidas para el cementerio. Con diferentes motivos, letras e imágenes. Rectangulares, con algún adorno y cenefa, grabados los nombres de los difuntos. En las ilustraciones 3 y 4 se muestra la lápida de Martín Velasco Casilda, muerto en diciembre de 1930, maestro cantero. Podemos observar las imágenes de su oficio: pico, maceta, compás, cincel, barreno.

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6.- Losas de lavar para la ropa. Sobre las que se enjabonaba y se apretaba la ropa.
7.- Trancos para sujetar las tinajas, de forma triangular, con un lado con superficie curva para acercarlo a la tinaja. Antes había una o varias tinajas en las cocinas y despensas (para agua, vino y otros). Necesitaban tenerlas inmovilizadas y seguras.
8.- Números de las casas, para poner sobre las puertas.
9.- Piedras de construcción con forma rectangular que se han utilizado en la construcción de sillería o mampostería en el pueblo. La Iglesia parroquial y la ermita del Cristo son ejemplos muy claros.
10.- El polvo de asperón se ha utilizado tradicionalmente como ayuda para fregar y dar brillo a los cacharros de cocina. Sartenes, ollas y cucharas. Mezclado con agua pule y abrillanta los útiles de hierro.
3.- HERRAMIENTAS DE TRABAJO

Un taller de cantero durante el siglo XX estaba formado por varias personas que trabajaban en equipo en el campo o en casa. Sus instrumentos de trabajos son: Picos, macetas, compás (como el de la imagen), algún barreno (barra gruesa de 1,5 metros de alto con el que se hacía palanca), esteras para sentarse en el suelo, escobas pequeñas para ir limpiando las rozas y la superficie de la piedra que se trabaja, esportillas para sacar la tierra, cinceles, mazas, cuñas de hierro y de madera. Los picos eran de varias clases: el pico de desbastar (de punta fina), el de hacer rozas (un poco más grande y con punta algo más gruesa), el de labrar (de punta finísima). Estos picos se aguzaban en las fraguas del pueblo y había algunos herreros que lo hacían especialmente bien.
La ilustración 6 muestra a la familia de canteros fotografiada en el patio de su casa en los años 50. Francisco Velasco Nieto (el niño) con sus padres: Constancio Velasco de la Torre y Cruz Nieto García. Se pueden observar la piedra de vuelo con el hueco del eje cuadrado y las piedras amontonadas para hacer asperones. Especial atención merecen los picos de cantero que portan padre e hijo.

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Hay constancia de utilización de barrenos de pólvora en algunos casos para la extracción de piedra de construcción. Y recuerdos de algún accidente como consecuencia de esta práctica.
4.- CANTERAS
Villafranca de los Caballeros es un pueblo al SE de la provincia de Toledo. La piedra del entorno tiene un color rojizo y una textura arenosa fina, a veces aparecen vetas más claras, amarillentas, con piedra algo más dura.
Existen referencias a esta actividad en el Catastro de Ensenada de 1752.
Antonio de Bustos, maestro cantero (56 años): Viñas, casado con María Manrique (50). Hijos: Antonio (24), oficial de cantería, Trinidad (10). (…)
Por los capitulares y peritos se le reguló que gana de salario el día que trabaja su oficio de cantero, 5 r v. (…)
Alfonso Rodríguez Velasco, labrador y cantero (54), viudo. Hijos: Alfonso (23), ayudador de la labor, Antonia (17), Manuela (19). (…)
Utilidad: Se le reguló el jornal diario de su oficio de cantero en 5 r v. (…)
Las canteras nombradas son las del Pósito, las de San Antón y las del Agua.
No se habla del tipo de piedra trabajada y se establece el jornal de un maestro cantero en 5 reales de vellón. Todas en el entorno de las lagunas.
Las últimas en la memoria de los entrevistados están al N de la laguna de la Sal, las de San Antón y las del Polvorín. Parece que en los alrededores de las lagunas se abrieron diferentes puntos de explotación de piedra. Este mapa nos muestra los lugares señalados como canteras en el siglo XX.

Cantera de San Antón
2500 m de distancia aproximada a Villafranca
Latitud: 39º 26′ 27.03″ N
Longitud: 3º 20′ 14.30″ W
Coord. X: 470.974,23
Coord. Y: 4.365.753,28
Cantera del Polvorín
3400 m de distancia aproximada a Villafranca
Latitud: 39º 26′ 46.94″ N
Longitud: 3º 19′ 40.92″ W
Coord. X: 471.774,24
Coord. Y: 4.366.364,11
Camino de las Lagunas
2000 m de distancia aproximada a Villafranca
Latitud: 39º 26′ 27.62″ N
Longitud: 3º 20′ 59.75″ W
Coord. X: 469.887,87
Coord. Y: 4.365.775,81
Las tres canteras son de fácil acceso utilizando la carretera de Quero las dos primeras y el camino de las lagunas en la tercera, ya casi desaparecida. La del polvorín fue horadada y utilizadas sus galerías como polvorín en la Guerra Civil. Después de la contienda, la parte militar estuvo cercada y separada, si bien al lado siguieron los trabajos de cantería. Ésta y la de San Antón estuvieron activas hasta la extinción de estos trabajos. La orografía es eminentemente llana y los veteados de piedra se han buscado excavando en los alrededores de la laguna.
5.- EL TRABAJO DE LOS CANTEROS
A.- Aspectos técnicos del arte de la cantería:
El trabajo de los canteros lo podemos describir gracias a los testimonios de los entrevistados, en especial a Antonio Velasco que, de manera magistral definió así el trabajo en el campo, sobre el terreno: Antes de llegar a la piedra viva, hay que desmontar la tierra que la cubre, picándola y sacándola en esportillas para amontonarla fuera del lugar de trabajo. En esta labor participaba toda la familia, aquí recuerdan su participación nuestros informantes, que entonces eran niños.
Proceso:
a) Desmonte: Para sacar la piedra de vuelo había que desmontar la capa de tierra que cubre la piedra, ésta solía estar a una profundidad de 2 – 2,5 m, se desmontaba la superficie que consideraban que podían trabajar en ese verano (20 – 25 m2). Descubierta la roca, había que limpiar la primera capa de 5-10 cm, picándola y extrayéndola, esa roca era demasiado débil, no valía, demasiado arenosa, poco concentrada.
b) Marcado: Una vez limpio el tajo, comenzaban a marcar las piedras aprovechando todos los rincones, dibujaban sobre la piedra las diferentes medidas de las piedras de vuelo, trabajaban con las medidas de 40, 50, 60, 70 y 80 cm. Con el compás se trazaba el perfil de la piedra y después con el pico se remataba el perfil con una línea de puntos. Era necesario tener mucho “pulso” para seguir una línea tan fina y tener en cuenta los temidos “pelos” cortes o roturas de la piedra que se ven con mucha dificultad y rompen las piedras por las que pasan, si no se han detectado antes de trazar los perfiles, causan estragos, rompen la piedra como si la cortasen.
c) Ahondamiento: Se procede a picar la piedra alrededor de lo marcado, teniendo presente que ésta puede ser utilizada más tarde. Se hacía una roza de unos 5 cm de ancha por 12, 13 cm de fondo, después se ahondaba otros 5 cm. Con esto quedaban a la vista las piedras de vuelo sobre la roca madre.
d) Extracción: Señalaban los puntos por los que introducir las cuñas de hierro que habían de despegar las piedras de vuelo. Con mazas, les daban a las cuñas escuchando como rompían las piedras para conseguir una superficie lisa y uniforme. Aquí el peligro son las “hojas” de la piedra que rompían dejando una piedra más delgada o más gruesa. En el segundo caso el defecto tiene solución con un simple desbaste. Si la piedra no daba su medida, tampoco valía y se añadía al montón para el invierno. Estos golpes finales eran tarea exclusiva de los maestros.
e) Almacenaje y nuevo marcado: Se sacaban las piedras del barranco, las más pesadas se movían rodando con el empuje de dos hombres. Limpio el corte se volvía a marcar una nueva tanda.
En la ilustración 8 las piedras redondas no tienen tallado aún el eje cuadrado. Son de diferentes diámetros. Se observan los picos de cantero y detrás, el montón de piedras para convertir en asperones.

Este trabajo se repite una y otra vez, con 8 a 10 tandas hasta llegar al agua, las últimas, son especialmente incómodas por la humedad, los canteros tenían que trabajar sobre esteras para protegerse del agua.
f) Desbaste y labrado: Las piedras que se sacaban de la cantera se ponían con una de pie y dos más, una en cada lado apoyadas en la primera, se montaba una fila con la primera en el centro. Allí se iban secando. Después, en el mismo sitio las desbastaban, las labraban y les hacían el agujero, esta última era una tarea especialmente difícil. Había que tener muchísimo cuidado para conseguir un agujero cuadrado en una piedra de unos 10 cm de ancha, la piedra podía saltar y romperse fácilmente. El agujero debía tener la medida justa que figuraba en una tablilla que usaban de referencia.
g) El final de la extracción lo marcaba el agua. Se trabajaba desde mayo hasta mediados de septiembre en la cantera, luego en casa con las piedras irregulares. Las partes que no se podían aprovechar y las piedras que se rompían se amontonaban para luego trabajarlas en invierno. El período de frío lo dedicaban a la fabricación de asperones sobre piedras sobrantes. Las medidas de los asperones eran variables entre 15 o 20 cm de largo y 7 o 10 cm de anchura y grosor.
La limpieza del corte, quitando la arenilla le tocaba a él como el niño de la cuadrilla. Había que sacarla en esportillas a la superficie, arriba de la cantera, haciendo un montón de tierra inservible.
B.- Aspectos sociales:
Todos los entrevistados coinciden en que el trabajo de cantero es duro y esforzado. El buen tiempo lo dedican a la explotación directa de la cantera. A extraer piedras de vuelo de diferentes medidas y los otros productos. El invierno y los momentos de lluvia se dedican a elaborar piedras de asperón de las diferentes piedras que se sacan más allá de las redondas y otros encargos.
Cada miembro de la familia ayudaba en la medida de sus posibilidades. Niños y niñas trabajaban en el desmonte previo al afloramiento de la roca viva, en los traslados de las piedras en basto a las casas para que sean trabajadas en invierno, en el embalaje de los asperones para trasladarlos a otros pueblos en carro o a las estaciones ferroviarias de Quero y de Alcázar de San Juan.
Todos coinciden en que era un trabajo duro y sin horario con el concurso de toda la familia. A veces vivían en la cantera todos los miembros de la familia, en tiempo de extracción, primavera y verano. Así lo hacía la familia de Antonio Velasco en las antiguas dependencias militares del Polvorín.
El punto más negro es la silicosis, todos los varones de las familias de canteros murieron muy afectados por enfermedades pulmonares.
No eran extraños los accidentes como consecuencia del uso de picos o macetas, de la pólvora o de la caída de piedras voluminosas.
6.- COMERCIALIZACIÓN Y DESTINO DE LAS OBRAS ACABADAS
Los canteros de Villafranca se han servido de la proximidad de las estaciones de ferrocarril de Alcázar de San Juan y de Quero para comercializar sus piedras. Más tarde utilizaron el transporte por carretera. Y siempre, el carro y los caminos.
Se han mandado piedras de afilar a Segovia a una fábrica de cuchillería, piedras de vuelo a la cuchillería Atocha de Madrid, igualmente llevaban a fábricas de mármoles piedras en bruto, también a una fábrica de Villanueva de la Serena en Cáceres. Los asperones se transportaban en espuertas, empaquetadas y acompañadas de paja para que no se rompiesen con el roce durante del viaje.
Los pedidos del mercado local y de los pueblos vecinos eran de todos los productos, asperones, pilillas, pilones, lápidas para el cementerio, mampostería, etc.
7.- CONCLUSIONES
El oficio de cantero ya existía, al menos, a mediados del siglo XVIII en Villafranca. Es posible que tenga mayor antigüedad teniendo en cuenta la calidad de las piedras del entorno.
Durante los siglos XIX y XX, la elaboración de piedras de afilar ha supuesto el grueso de la carga de trabajo de los canteros de esta localidad.
El arte de la cantería ha pasado de generación en generación dentro de las mismas familias hasta su desaparición en los años 60 del siglo XX.
Los mercados de piedras de afilar, asperones y piedras de vuelo, fueron, además el mercado local y de los pueblos próximos, Madrid, Segovia y Extremadura. Utilizando los medios de cada época: el carro con los caminos y carreteras, el ferrocarril desde las estaciones de Alcázar de San Juan y de Quero y en los últimos tiempos, el camión.
En nivel empresarial de los canteros de Villafranca siempre fue el de explotación familiar.
Todos murieron de afecciones pulmonares, la silicosis fue la afección más común.
8.- INFORMANTES
Las fuentes de este artículo son las entrevistas a parientes de los últimos canteros que han acompañado a sus padres en el trabajo de la cantera. Desmontando, limpiando, subiendo la tierra a lugares donde no moleste, incluso ayudando a sus padres en tareas más delicadas. Testigos del trabajo callado de sus padres, en invierno, a la vera de la lumbre, haciendo asperones que luego apilaban en espuertas para venderlos en los diferentes mercados.
Es momento de agradecer el testimonio de tres personas:
- Francisco Velasco Nieto, de 74 años. Hijo de cantero. Trabajó en el oficio hasta los 18 años. Entrevistado el 18 de septiembre de 2019.
- Felisa Velasco Cervantes, nació en 1947 en Villafranca de los Caballeros. Hija de Félix y Valeriana. Miembro de una familia de canteros. Trabajó en los pasos previos al desmonte antes de llegar a la piedra viva. Ayudó en tareas auxiliares. Entrevistada el 12 de octubre de 2019.
- Antonio Velasco Casero, 63 años. Nacido en 1956. Hijo de cantero, desde pequeño colaboró en todos los trabajos con su padre. Entrevistado el 19 de diciembre de 2019.
9.- OTRAS FUENTES
Catastro de Ensenada. Consultado durante el año 2018 gracias a sitio https://www.familysearch.org/es/. En él hemos encontrado las huellas más antiguas de los canteros de Villafranca.
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