LA AGRICULTURA EN EL INGENIOSO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

11/04/2019 |

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Marciano Ortega. Sociedad Cervantina de Alcázar

Coincidiendo con la luz pública de este número de la Encina en el mes de abril, el mes de las letras en el que recordamos el aniversario del fallecimiento de dos gigantes de la
Literatura Universal : Miguel de Cervantes y William Shakespeare; el mes del libro, el mes por antonomasia del recuerdo y revivir la obra cervantina, desarrollándose por todo el territorio español actividades y homenajes a las obras literarias y en especial a Cervantes, por ende este artículo es sumarse, acercarse a este mes de alma cervantina.

Nuestra obra literaria más universal nos hace una magnífica descripción de la agricultura y ganadería de principios del siglo XVI hasta como la conocieron nuestros padres y antepasados. La obra del “El Ingenioso Don Quijote de la Mancha” toda ella es una verdadera enciclopedia de múltiples materias y una de ellas es la descripción de la vida agrícola.

Al comienzo nos acerca a la medida de superficie agrícola más común en Castilla, la
fanega: “vendió muchas hanegadas de tierra de sembradura para comprar libros de
caballerías en que leer” (Don Quijote I, 2) esta medida de la fanega tiene diferencias de unas localidades a otras pero ha perdurado hasta hoy que nuestros mayores la siguen manteniendo como referencia, y nos describe la dimensión de la hacienda en el concepto de no alcanza a más de “cuatro cepas y dos yugadas(1) de tierra”, (Cervantes, II, II); aquí nos encontramos la superficie de Alonso Quijano que en secano serían 64 has de cereal es una explotación importante para una casa de labor, aunque el viñedo es poco representativo según la expresión utilizada; estaba en aquella época entre ser hijodalgo, el que tiene bienes propios con que mantenerse o caballero el que sus bienes le permitían mantener un caballo y servir con él en la guerra.

En otro pasaje hablando de la sabiduría de Crisóstomo, se señala como aconsejaba
sobre el modo de la siembre a su padre y a sus amigos: “(…) sembrad este año cebada, no
trigo; en éste podéis sembrar garbanzos y no cebada; el que viene será de guilla de aceite; los tres siguientes no se cogerá gota” (Don Quijote I, XII). Esta sabiduría es una aplicación agrícola, es la técnica de rotación de cultivos para aumentar la producción, extrayendo el máximo rendimiento a la tierra.

Dentro de la rotación de cultivos, del descanso obligado de la tierra manchega nos la
señala Sancho la práctica del barbecho para recuperar la tierra y mejorar el rendimiento de las siembras anuales: “Sé decir que se puso un día encima del campanario del aldea a llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre…”. (Don Quijote I, XXV).

Otra labor con un gran peso en Castilla durante el verano es la recolección de los
cereales, que aparece reflejada en el pasaje que Sancho, molido por el manteo, suplica a su señor: “… el volvernos a nuestro lugar, ahora que es tiempo de la siega…” (Don Quijote I, XVIII) la aventura se desarrolla entre junio y julio, y el escudero quiere regresar a segar a su aldea.

La época de la siega tiene una gran dimensión en la vida económica y social en España
y por ende en La Mancha, no solamente en los tiempos de Cervantes sino hasta 1950 con la aparición de la segadores, los conocidos como braceros que iban en busca del jornal de pueblo en pueblo, desde el Sur, en Andalucía comenzando la siega en mayo, hasta el Norte, para  acabar en el mes de agosto, y así nos lo refleja Sancho que así se desplazaba de su aldea a segar a otra población:

“A menos de la mitad pararé, si Dios fuere servido —respondió Sancho—. Y, así, digo
que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…” (Don Quijote II, 31).

Una pequeña referencia a la molienda de los cereales se describe en el siguiente
pasaje “acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino”, (Don Quijote I, 5); aparte de desplazarse a la molienda el narrador del Quijote nos habla de la profesión de labrador, aquel que cultiva y vive de su propia explotación agrícola.

A lo largo de máxima obra cervantina también se hace referencia al otro gran
monocultivo de La Mancha: la vid que está presente como aparece en episodio de la Ínsula Barataria, cuando Sancho abdica de Gobernador : “Mejor se me entiende a mi de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de defender provincias ni reinos” (Don Quijote II, 53), nos describe las labores fundamentales de la viña que siguen en la actualidad realizando, una única frase dónde Sancho describe, excepto la vendimia, la viticultura durante todo el año de la vid.

El fruto del racimo de la uva, el vino después de la mágica transformación, está
presente en toda la obra, siendo una de las máximas expresiones la relación de Sancho con su bota de vino, en las celebraciones como las bodas de Camacho, la aventura con los odres de vino, en el bálsamo de Fierabrás…, la relación de la novela universal con el vino bien merece un estudio aparte.

Es una breve prospección al mundo agrícola cervantino que con pinceladas maestras
nos dibujó “el Príncipe de los Ingenios” para la posterioridad el modus operandi de la gente manchega apegada a la tierra que ha perdurado hasta hace pocas generaciones, hasta nuestros antepasados más próximos.
Marciano Ortega Molina


Notas
(1) Yugada: medida de tierra= 50 fanegas o 32 ha, que puede arar una yunta en un día.